Desde que la tecnología
empezó a copar nuestro día a día, a todos nos encanta imaginar los escenarios
que nos podría deparar más pronto que tarde.
Y el catálogo puede ser
todo lo amplio que queramos: hologramas, inteligencia artificial, tecnología
directamente implantada en nuestro cerebro... Una especie de galería futurista
que provoca tanto el miedo de los escépticos como el entusiasmo de los
tecnófilos convencidos.
